Entrevista a Amaya Sáez, directora de la Fundación Menudos Corazones

03-04-2018

La Fundación Menudos Corazones es una entidad sin ánimo de lucro cuya finalidad es llevar a cabo los programas y actividades necesarios para mejorar la calidad de vida de los niños y jóvenes con cardiopatías congénitas y de sus familias. Hablamos con la directora de la fundación de sus necesidades y de la relación de la entidad con las empresas. 

¿Qué necesidades de financiación tienen usualmente las entidades de pacientes y cómo las cubren?
Las entidades de pacientes, al igual que cualquier entidad del Tercer Sector, necesitamos financiación para hacer frente a los gastos normales que conlleva el trabajo de cualquier organización. En nuestro caso se trata de sacar adelante unos proyectos de apoyo a los pacientes y a sus familiares, que cumplan los objetivos para los cuales fue creada la Fundación. Además, es importante resaltar que también son relevantes los gastos de gestión que generan la puesta en marcha de estos proyectos. Puesto que una entidad, para ser sostenible, es necesario que esté profesionalizada y cuente con una estructura suficiente que haga que todo funcione de manera eficiente.


¿Cómo se ha avanzado en temas de fundraising en los últimos años?
Creo que en España aún no se han explotado todas las posibilidades que ofrece la captación de fondos. Van surgiendo nuevas fórmulas y vamos aprendiendo y adaptando aquellas que nos funcionan mejor y con las que cada organización se siente más cómoda.


¿Qué papel cree que deben tener las empresas a la hora de apoyar los proyectos emprendidos por las asociaciones?
Nosotros siempre entendemos que el papel de la empresa ha de ser un papel activo, colaborador, y que realmente haga suyo el proyecto. Creemos, además, que vincular los proyectos de financiación con programas de voluntariado corporativo puede suponer una gran oportunidad para la empresa por el hecho de implicar y vincular a los trabajadores.


¿Cómo ha evolucionado la relación entre las empresas y las entidades de pacientes?
Ha sido muy positiva, y creo que se ha evolucionado por las dos partes. Las asociaciones de pacientes han mejorado muchísimo en profesionalización, seriedad, organización interna, relación con la Administración sanitaria… y esto ha hecho que las empresas comiencen a entablar relaciones más en el plano de igualdad y de la colaboración conjunta.


¿Qué incidencia ha tenido en ello el auge de la Responsabilidad Social?
La RSC ha sido fundamental en esto. A día de hoy es difícil, por no decir casi imposible, encontrar una empresa mediana o grande que no cuente con un plan de RSC. Y lo más interesante de todo es que en la sociedad ha calado el mensaje de que esto se hace porque se cree en ello, y no simplemente porque haya que hacerlo.


¿Cuesta más implicar a las grandes empresas o a las pequeñas? ¿Cómo lo consiguen?
Nosotros siempre decimos que las empresas están formadas por personas, y todo depende de las personas que estén llevando este tipo de proyectos dentro de la empresa. Si son personas comprometidas socialmente, implicadas y solidarias, posiblemente estos proyectos saldrán adelante independientemente del número de ceros en la cuenta de resultados. Es cierto que hay causas que son más amables y con las que todo el mundo se siente identificado. Es nuestro caso, el tema de los niños con problemas de corazón suele sensibilizar mucho y no nos resulta difícil conseguir grandes aliados.


¿Cómo puede ayudar un proyecto como Sumando en Salud?
Vemos muy interesante poder aglutinar en un portal diferentes iniciativas para tratar de encajarlas con las estrategias de las empresas que busquen proyectos para financiar. En lugar de buscar de forma individual, la empresa puede ir allí y buscar proyectos que les puedan interesar en función de su negocio, de su producto, de sus clientes o de su plan de RSC. Para las organizaciones, nos resulta un escaparate ideal que nos puede ofrecer grandes oportunidades de financiación, además de la difusión.


¿Qué beneficios tiene para la empresa colaborar o aportar para proyectos como los que emprenden desde la Fundación?
Las empresas colaboradoras tienen un doble beneficio, por un lado lo que están aportando a la sociedad y el impacto social que conlleva realizar un proyecto en beneficio de un grupo de personas con una necesidad determinada. Por otro lado, la imagen positiva que consiguen, que en muchos casos repercute directamente en la mejora de sus beneficios económicos. También hay que tener en cuenta que para los propios trabajadores de la empresa este tipo de colaboraciones suele suponer un sentimiento de orgullo de pertenencia y así suele mejorar su motivación y compromiso con la misma.